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sábado, 11 de agosto de 2012

SEGUNDA CARTA ABIERTA A DOÑA ROSA REGÁS



Lebrija (Sevilla), a 10 de Agosto de 2012


“Hay personas que nacen con un cuerpo perfecto y van por la vida llenos de negra desesperación. Otros, a pesar de no tener brazos ni piernas, llevan una vida llena de paz y sin preocupaciones. La incapacidad física no tiene nada que ver con ello”.

Hashiya Hirodate Ototake
(Escritor japonés sin brazos ni pies)



Estimada Sra. Ex-Directora de la Biblioteca Nacional de España Doña Rosa Regás:

El pasado 6 de agosto, publicaba usted por segunda vez en menos de diez días, en su blog denominado “Ellas” y alojado en el periódico digital de El Mundo, un artículo referido a los niños concebidos con alguna discapacidad, esta vez titulado “Talidomida”, que se puede leer en  http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/ellas/autor/rosaregas/index.html  en el que vuelve usted a llamar “monstruos” a los niños concebidos con alguna discapacidad, y en el que nuevamente vuelve Vuestra Merced a defender que se puedan matar estos niños discapacitados en el vientre de sus madres, antes de llegar a nacer, mediante la legalización del aborto eugenésico, al mismo tiempo que intenta realizar un desesperado intento por justificar lo injustificable: la ejecución de niños inocentes e indefensos en el vientre de sus madres por el único motivo de que no sean tan perfectos como lo es usted.

Sra. Regás, en contestación a su anterior artículo referido a este mismo tema, y que publicó usted días antes, ya le remetí una carta de siete folios el pasado uno de agosto, que usted no ha podido, no ha sabido o no ha querido contestar. Pero como veo que sigue sin comprender nada de lo que le he dicho, y sin aceptar que la vida de todos los seres humanos tiene el mismo valor, procedo a contestarle nuevamente a su último y lamentable escrito. Tenga usted la seguridad que le escribiré tantas cartas como hagan falta, hasta que su mente llegue a comprender que no existe el derecho a matar, existe el derecho a vivir. Como decía Marithe Lozano, “La discapacidad no está en las personas faltas de una parte de su cuerpo, está en la mente de muchas que se dicen sanas”.

Hace sólo tres días, he visto nacer a mi segundo hijo, y aunque hubiera nacido sin brazos o sin piernas, y aunque desarrolle alguna enfermedad de cualquier tipo en el futuro, lo amaré exactamente igual. Mirando la carita de mi hijo recién nacido, me cuesta mucho trabajo comprender que existan personas y mentes retorcidas como la suya, que prefieren ver tirados en un cubo de basura estos angelitos inocentes e indefensos, por el simple hecho de haber sido concebidos con alguna enfermedad, antes que verlos en los brazos de sus padres recibiendo todo el amor y cariño que cualquier niño necesita y se merece.

Entremos a analizar detenidamente su escrito titulado “Talidomida”.

En el primer párrafo del mismo, y en su búsqueda desesperada por encontrar argumentos de algún tipo a sus planteamientos nazis, en defensa de la eliminación impune de seres humanos con malformaciones congénitas, hace referencia usted, a un artículo escrito por un cineasta francés hace medio siglo, en 1962.

Que la opinión de un cineasta, de mediados del siglo pasado, sea toda la argumentación jurídica y científica que usted sea capaz de aportar para defender la cultura de la muerte, y la eliminación de personas concebidas con discapacidad, a través del aborto eugenésico, me parece francamente lamentable y patético, de una gran pobreza moral e intelectual y sobretodo, digno de una persona sin corazón.

En el segundo párrafo, dice usted textualmente:

Yo estaba muy al final de mi tercer embarazo y para no equivocarme fui al Diccionario de uso del español de María Moliner en busca de una definición correcta: "Monstruo, ser que tiene alguna anormalidad muy notable y fea"

            Con gran miopía intelectual, persiste usted en su error de seguir denominando “monstruos” a los angelitos que han sido concebidos con alguna discapacidad o enfermedad: niños con espina bífida, niños con síndrome de Down, sordos, etc.… y para ello recurre a una supuesta definición de la palabra “monstruo” de María Moliner. Pues bien, Sra. Regás, utilizando esa misma definición que usted cita, permítame que le diga con todo el cariño del mundo que su persona se encuadra perfectamente en la definición de monstruo de María Moliner, y permítame que se lo explique.

            Usted, Sra. Regás, cumple los tres requisitos que se exigen para ser calificada una persona como monstruo según María Moliner.

            El primer requisito, es tener alguna anormalidad, como usted tiene. Las personas normales, Sra. Regás, desde el punto de vista estadístico y desde el punto de vista del sentido común, sienten compasión y deseos de ayudar a las personas enfermas, discapacitadas e indefensas. Una persona normal, con sentido común y sin atrofias mentales ni intelectuales, siempre sentiría respeto, y solidaridad hacia niños discapacitados, dentro y fuera del vientre de su madre. Una persona anormal, preferiría matar estos seres humanos antes de que nacieran, y buscaría la pureza de la raza, sin niños con limitaciones, como en su día buscó Adolf Hitler, y en la actualidad buscan gente anormal como usted.

            Las personas normales, Sr. Regás, desde que tienen uso de razón, se dan cuenta que sus semejantes tienen los mismos derechos que ellos mismos, y que no por tener más o menos cromosomas, o por tener más o menos extremidades se puede matar a otro semejante. Las personas anormales, por el contrario Sra. Regás, piensan que ellas son perfectas y que quienes no lo son deben morir antes de nacer, como piensa usted.

Desde el punto de vista moral y ético, las personas normales tienden a hacer el bien a sus semejantes, sean concebidos con discapacidad o sin ella, y hacen realidad en sus vidas la Regla de Oro o máxima de la ética de la reciprocidad, coincidente con el primer imperativo categórico de Kant: “Trata a tus semejantes como te gustaría que te trataran a ti”. Las personas anormales, como Adolf Hitler o como usted, por el contrario, piensan que eliminando a judíos, o negros o niños concebidos con alguna discapacidad, hacen un bien a la sociedad, y a la raza humana, porque son ellos quienes se sienten con potestad y capacidad para decidir quién debe vivir o quien debe morir.

El segundo requisito, según María Moliner, es que esa anormalidad sea notable. Desde luego su anormalidad, Sra. Regás, o su incapacidad de comprender que todos los seres humanos somos iguales en dignidad y derechos es muy notable y muy notoria, según pone usted de manifiesto en sus dos lamentables escritos publicados en menos de diez días en su blog del Diario El Mundo.

Me atrevería a decir, que su anormalidad o incapacidad para entender que todos los seres humanos, tienen derecho a la vida, más que notable es sobresaliente. Me pregunto como un ser racional y de mi misma especie puede llegar a tener tan pocos escrúpulos morales, y tan poca vergüenza para llegar a pedir públicamente, que se puedan matar a niños en el vientre de su madre por tener discapacidad y encima llamarles monstruos, y quedarse tan tranquila.

¿Sabe usted a cuantos padres con niños con síndrome de Down ha herido usted con sus infames palabras? ¿Tiene usted idea de lo que puede llegar a sentir un niño que haya nacido con alguna malformación si llega a saber que hay gente como usted, que no sólo los insulta llamándoles monstruos, sino que además defiende que deberían haber podido ser matados e eliminados antes de nacer por no ser tan perfectos como lo es usted?

Tiene usted suerte de haber ganado el premio planeta once años, porque desde luego, si lo tuviera que ganar ahora por los artículos que escribe en su blog, la verdad es que lo tendría más que crudo...

Además, tiene usted suerte de vivir en un país como España, porque si viviera en un país como Alemania, donde la apología de las ideas nazis está prohibida, podría usted ser perseguida de oficio por la Fiscalía, por hacer apología del nazismo entre otras cosas.

            Y el tercer requisito, según María Moliner, para ser calificada una persona como monstruo, es que la anormalidad que tenga sea muy fea.

            Pues bien Sra. Regás, le puedo asegurar, que para las personas de bien, y que tienen buen corazón, no hay anormalidad más fea, que la suya, la de su incapacidad para tratar a sus semejantes, con el respeto que se merecen, como personas y como cualquier ser humano; a todos sus semejantes, incluidos los que tienen más o menos cromosomas que usted, y los que tienen más o menos extremidades en su cuerpo que usted,. No hay anormalidad ni incapacidad más fea que la suya Sra. Regás, la de no ver en las personas concebidas con alguna discapacidad un ser humano con los mismos derechos que los demás.

            ¿Qué es para usted la igualdad de derechos y la igualdad de oportunidades Sra. Regás? Le explicaré un caso ocurrido en Italia, que puede que le ayude a comprender esas expresiones que por lo que veo a usted le siguen sonando a chino, a pesar de mi primera carta de siete folios que le envié hace sólo unos días. El siguiente caso fue publicado recientemente como noticia por hazteoir.org, y se le reproduzco a continuación.
           
            Es el caso de Marisa Ferrante, quien esperaba dar a luz a un “monstruo”, utilizando su terminología Sra. Regás, según le había advertido su ginecólogo. A los 4 meses de gestación, el facultativo detectó, mediante unas pruebas, una malformación que no podía describir a la madre de la criatura. Insistentemente, el médico recomendó a la paciente la necesidad de someterse a un aborto ante lo que podría nacer. Calificó de «Imprescindible» dicha intervención porque nacería una niña con numerosas deformidades, si es que el embarazo llegaba a buen puerto porque, el médico, también albergaba sus dudas.

Por supuesto, la vida de la madre también correría peligro si es que se empeñaba en proseguir con la gestación.

Marisa, mujer católica que esperaba con alegría el alumbramiento de su bebé, se negó a someterse a tal práctica. «Yo quería a toda costa esa criatura» declaraba hace no mucho Marisa Ferrante. «No podía aceptar un destino tan cruel y mi tozudez me dio la razón». Pero, junto a estas razones «humanas» existían otras «sobrenaturales» como indica Marisa: «Me encomendé a las manos de Dios y tuve a mi hija», en declaraciones recogidas por Ángeles Conde de Religión en Libertad.

Y así fue. En 1975 dio a luz a una niña perfectamente sana. Esa pequeña, Anna Valle, veinte años después se convertiría en Miss Italia. En 1995 la prensa italiana calificó a la modelo como belleza renacentista por su negra melena y sus rasgos suaves. Sus ojos verdes y su 1,78 son reflejo de aquella «tozudez» de Marisa. La propia Anna, consciente de su historia, al defender su candidatura ante el público en el certamen de Miss Italia, pidió al público que la votara a ella para «darle una alegría a mi madre».

Anna Valle consiguió el título de Miss Italia en 1995 y luego ha desarrollado su carrera artística como actriz.

            Sra. Regás, me puede explicar usted ¿qué hubiera pasado si a esa niña Anna Valle, a la que habían diagnosticado una grave malformación, su madre no le hubiera dado la oportunidad de vivir como a cualquier otro niño concebido completamente sano?

Asimismo, dice usted en su último artículo sobre este asunto lo siguiente:

“Me quedaba más o menos un mes y medio para el parto así que no había forma de pensar en un aborto que por otra parte no habría sabido por donde moverme: en aquellos años la cuestión nunca me había preocupado ni a mí ni a las personas de mi conservador entorno, y menos aún se me había ocurrido pensar en él como uno de los ineludibles derechos que debía conseguir la mujer.”

Sra. Regás, ¿Cómo se atreve usted a emplear la palabra “derecho” si no tiene usted ni pajolera idea de lo que significa esa palabra?

Sra. Regás, a ver si se entera usted de una vez, no existe el derecho al aborto, porque no existe el derecho a matar, lo que existe es el derecho a vivir.

Le recomiendo que se lea usted el Dictamen del Consejo Fiscal de España, sobre la actual ley del aborto en vigor en nuestro país, en el cual dice textualmente lo siguiente:

«La despenalización no puede convertirse en un derecho. Hasta ahora el Tribunal Constitucional había declarado la licitud de que en determinados casos límite el aborto quedara despenalizado, basándose principalmente en la aplicación del principio de no exigibilidad de otra conducta. Es decir: el aborto sigue siendo un mal, pues supone la privación de la vida del nasciturus, que es un bien constitucionalmente protegido. Dicho valor cede ante situaciones extremas, (…). Pero, en puridad, no puede hablarse de un derecho al aborto, pues ello supondría el reconocimiento del derecho a eliminar a un ser humano distinto de la madre y titular del derecho a la vida humana. (...) Con menos razón puede el derecho de la madre a interrumpir voluntariamente su embarazo durante las primeras catorce semanas de gestación ser considerado un derecho de tal categoría.

«El “derecho a decidir”, como tal, en materia de terminación voluntaria del embarazo, no está expresamente reconocido en los instrumentos internacionales invocados en la Exposición de Motivos. Por el contrario, debe ponerse de relieve la claridad de los principios del Derecho Internacional en materia de Derechos Humanos que protegen la vida del no nacido.

En efecto, los tratados internacionales en materia de derechos humanos (textos formalmente negociados, firmados y ratificados por los Estados) no establecen el derecho al aborto y en ningún caso demandan que los Estados lo despenalicen. Por tanto, no se puede afirmar que el aborto forma parte de las obligaciones internacionales. De hecho la claridad referida de los tratados internacionales, se proyecta sobre la protección de la vida pendiente de ser alumbrada.

En particular, ni el Convenio Europeo de Derechos Fundamentales y Libertades Públicas (1950, en su art. 23), ni el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (1966), cuyo art. 6 (1) establece que “Todo ser humano tiene el derecho inherente a la vida. Este derecho será protegido por la ley. Nadie será privado arbitrariamente de su vida”; ni el Pacto Internacional de los Derechos Sociales y Culturales (1966), cuyo art. 12 se limita a declarar “el derecho de toda persona de disfrutar del más alto nivel de salud mental y física”; ni la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979) y la Convención de Derechos del Niño (1989); así como la Convención de derechos de personas con discapacidad (2006), incluyen de manera alguna el derecho al aborto, ni hacen mención al mismo, más bien al contrario defienden la protección del nasciturus.

Mención especial merece la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, 1979, firmado por España el 17 de julio de 1980 y ratificado el 5 de enero de 1984), se trata de un Convenio Internacional de carácter vinculante, cuyo texto fue cuidadosamente redactado por los Estados parte sin mencionar la palabra aborto. (...).

Por lo tanto, de acuerdo con los tratados mencionados, España no queda obligada a reconocer en su legislación derecho alguno a la “interrupción voluntaria del embarazo” o bien a despenalizar el aborto.»

El 25 de marzo de 2011, se firmó en San José (Costa Rica), el documento Los Artículos de San José. El texto está elaborado y suscrito por más de 30 personalidades de todo el mundo, entre las que se encuentran abogados y juristas especializados en derechos humanos, intelectuales, dirigentes de partidos políticos y parlamentarios en activo, diplomáticos, científicos y expertos en política internacional. El objetivo principal de este documento, (9 artículos y conclusiones), es desenmascarar la falsedad de un reconocimiento internacional a un supuesto derecho al aborto. Su artículo 5, dice: «No existe el derecho al aborto en el derecho internacional, ya sea por medio de la obligación de un tratado o el derecho internacional consuetudinario.»

Y el Consejo de Estado por su parte, en su Dictamen sobre la ley del aborto actualmente en vigor en España afirma lo siguiente: «De la doctrina sentada por el Tribunal Constitucional en la que se mueve la presente consulta y del conjunto del propio texto del anteproyecto no resulta un derecho al aborto (algo desconocido en los ordenamientos de nuestro entorno susceptibles de ser tomados como modelos), sobre el que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha rehusado pronunciarse, que ni siquiera se menciona en los instrumentos internacionales relativos a los derechos de la mujer y cuya formulación carece de fundamento en nuestro ordenamiento jurídico.»

Por su parte, el 16 de diciembre de 2010  la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derecho Humanos dictó sentencia en el Caso nº 25579/05 donde textualmente establece que «no existe un derecho humano al aborto». Más bien reconoce en su fundamentación que lo que debe existir es una protección del «derecho a la vida del no nacido».

Asimismo, cuenta usted en su referido y lamentable escrito, el parto de su hijo David, y dice usted textualmente lo siguiente:

“Al despertar lo único que me interesaba y lo primero que quise saber es cuantos brazos tenía mi niño. "Dos", me dijeron sin comprender por qué hacía esa pregunta tan tonta. Y yo ciega aún de morfina o de lo que fuera que me hubieran dado y de la angustia que tardó muchos meses en desaparecer de la profundidad de mis sueños, me eché a llorar: "Dos brazos" me lamentaba, "solo dos brazos, sólo dos". Mi hijo David era una preciosidad, con unos ojos azules que todavía hoy me enternecen cuando los miro y un cuerpo de 4 kilos 250 gr que hizo las delicias de las enfermeras y de toda la familia.”

            Sra. Regás, me resisto a creer que si su hijo David no hubiera tenido dos brazos perfectos, usted no lo hubiera amado igual. Acaso, ¿Hubiera usted deseado que su hijo David no hubiera nacido si le hubiera faltado una pierna? ¿Acaso querría usted menos a su hijo David si hubiera nacido con alguna malformación? ¿Se atrevería usted llamar monstruo a su hijo si no hubiera nacido con dos brazos y dos piernas perfectas? ¿Ya hoy no le enternecería la mirada y los ojos de su hijo David si no hubiera nacido con sus extremidades en perfecto estado?

            Reflexione un poco sobre estas preguntas, y quizás descubra el absurdo y el sinsentido de las ideas nazis que usted ha intentado defender y desesperadamente justificar, en sus dos lamentables escritos recientemente publicados en su blog. Y piense, que de la misma manera que a usted no le gustaría que a su hijo David le llamasen monstruo por la calle si hubiera nacido con una pierna menos, tampoco usted tienen ningún derecho a llamar monstruos a los hijos de otros padres que no han tenido la suerte de tener unos hijos  tan perfectos como el suyo ni tan perfectas como es usted, pero que seguro que han tenido la suerte de tener unos padres con más corazón y con infinita más capacidad de amar a sus semejantes de la que tiene usted.

En su último párrafo, dice usted textualmente lo siguiente:
“Su presencia logró trasmutar la memoria de aquel parto que había temido como el mayor de los peligros que se cernía sobre mi vida, pero me ha dejado incólume la conciencia del dolor de tantas mujeres que no tuvieron la suerte que a mí me otorgó el azar en un asunto que los franceses resolvieron hace tanto tiempo y que nosotros, los españoles, teníamos también resuelto…”
Veamos Sra. Regás. Habla Usted del dolor de tantas mujeres que no tuvieron la suerte que ha tenido usted de tener un hijo perfecto (según lo que entiende usted por perfección claro). Pero ¿Sabe usted cuantos padres son felices con sus hijos que han nacido con algún retraso, malformación o discapacidad? ¿Sabe usted cuántas cosas tenemos que aprender de esos niños y cuanta felicidad dan?

Sra. Regás porqué no habla usted del verdadero dolor que siente una madre después de haber abortado al hijo que llevaba dentro. Eso sí que es un dolor difícil de curar. Deje su cómodo sillón de escritora mediocre y dese un paseo por los muchos centros de orientación familiar que hay por España y por los centros de atención a la mujer, y hable con los psicólogos que tratan del síndrome post aborto a las mujeres que han abortado.

El doctor John C. Willke dijo en una ocasión: «Es más fácil sacar al niño del útero de su madre que sacarlo de su pensamiento». Y es que a los  numerosos riesgos físicos que implica el aborto provocado para la mujer hay que añadir un fenómeno muy frecuente pero que es sistemáticamente silenciado: el Síndrome Post-aborto (SPA).

Carmen Gómez Lavin psiquiatra y experta en síndrome post aborto, explica que las consecuencias psicológicas del aborto que se dan con más frecuencia son «cuadros depresivos que se acompañan de un sentimiento grande de culpabilidad». Una psiquiatra canadiense, la doctora Susan Standford, ha relatado su propia experiencia con el SPA explicando sus tres fases: desasosiego y tristeza; se revive continuamente el momento traumatizante del aborto de un modo muy profundo; y finalmente una gran depresión. Ninguno de estos riesgos es advertido a las mujeres por los centros que practican abortos.

Además dice Usted, “un asunto que los españoles teníamos también resueltos”. Pero ¿cómo puede Usted decir semejante barbaridad y quedarse tan pancha….? Un asunto que provoca más de 300 muertes diarias de criaturas inocentes e indefensas es para usted un asunto resuelto. ¿Pero sabe usted lo que supone poner fin a la vida de más de 300 seres humanos al día? Adolf Hitler y sus generales nazis también pensaron que el asunto de los judíos estaba resuelto con las cámaras de gas. Qué triste Sra. Regás, que en pleno siglo XXI, aún haya personas con esquemas mentales propios de mediados del siglo pasado.

El asunto del aborto, estará resuelto cuando, la humanidad en su conjunto comprenda que el embrión humano debe gozar de la máxima protección jurídica, porque entre otras cosas, todos fuimos embriones. Y si hoy Usted y yo podemos escribir, es porque cuando fuimos embriones nadie nos ejecutó en el vientre de nuestras madres por ser sospechosos de no ser perfectos.

            Y por último y para finalizar su escrito dice usted la siguiente perla:

“…pero que hoy, con el pretexto de unos principios morales que ni siquiera pueden afianzarse, como pretende el Ministro, en conocimientos científicos, amenaza con devolvernos a la edad de las cavernas.”

            Sra. Regás esto ya se lo expliqué en mi anterior carta, pero veo que sigue usted sin enterarse o sin quererse enterar.

            ¿Tiene usted la desfachatez de hablar de principios morales? ¿Pero Usted sabe lo que es eso? ¿Cómo puede hablar de principios morales una persona que defiende que se puedan tirar al cubo de la basura todos aquellos seres humanos que no hayan sido concebidos sanos como una pera? ¿Cuáles son sus principios morales Sra. Regás?

            Y por si fuera poco, encima cuestiona usted los conocimientos científicos de la comunidad científica que por activa y por pasiva han dejado claro ya desde hace mucho tiempo que la vida humana comienza con la concepción. Le vuelvo a repetir lo que le dije hace unos días, a ver si esta vez lo entiende usted.

            El 18 de marzo de 2009 fue presentada en Madrid, “La Declaración de Madrid”, que es un documento firmado por un grupo de más de 2.000 científicos, profesores e intelectuales de distintas ramas de la Biomedicina, las Humanidades y las Ciencias Sociales, encabezado por los catedráticos Nicolás Jouve, Luis Franco Vera y César Nombela.

La premisa básica que defiende el manifiesto es que la vida empieza en el momento de la concepción, y que cualquier iniciativa legislativa que afecte al régimen jurídico del aborto debe asumir dicha premisa. El manifiesto también afirma que el aborto equivale a una “interrupción de una vida humana”, que supone “una tragedia para la sociedad”.

En abril de 2009, el Colegio Oficial de Médicos de Sevilla reunida su Junta Directiva en sesión plenaria y de forma unánime, acordó adherirse al Manifiesto de Madrid, promovido por intelectuales y científicos opuestos a los planes gubernamentales en torno al aborto. Lo hizo bajo la afirmación de que "Existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación".

En junio de 2009, el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid apoyó el manifiesto de Madrid bajo las bases de que “La vida comienza con la fecundación del óvulo, momento en el que se crea un ser vivo individual con su mapa genético determinado y con una esperanza de vida en el mundo desarrollado de 80 años”, afirmó en la nota de prensa Miguel García Alarilla, vicepresidente del colegio. En ese sentido, concluye el texto, "no hay ninguna discontinuidad, no hay ningún momento en que podamos decir que había algo prehumano y luego un ser humano".

En septiembre de 2009, la Comisión Nacional de Bioética española reconoció que el
nasciturus es un ser humano.

Y por último dice que usted que el Sr. Ministro pretende devolvernos  a la edad de las cavernas. No se confunda Sra. Regás. La que pretende orientar nuestra sociedad hacia la edad de las cavernas es usted y los que desgraciadamente piensan como usted. Y le diré por qué.

Los hombres de las cavernas eran hombres salvajes, sin civilización, brutos y que portaban garrotes con los que matar a sus semejantes. En aquella época no existían derechos humanos y la vida humana valía menos que sus lamentables escritos recientemente publicados en su blog.

Pues bien Sra. Regás, hacia esa sociedad es hacia donde Usted pretende llevar a la España del Siglo XXI, con sus tesis por usted expuestas y defendidas: Falta de protección jurídica de la vida humana, supremacía del más fuerte (el sano o perfecto según usted) sobre el más débil (los que tienen malformaciones o discapacidades) y utilización de la fuerza bruta para poner fin a la vida de inocentes. La única diferencia es que en la edad de las cavernas se hacía con el garrote y en el siglo XXI usted pretende que se haga en un quirófano esterilizado de un abortorio.

No sea usted retrógrada Sra. Regás y no pretenda retroceder miles de años en la historia de la civilización y de la humanidad. Empiece usted a ser progresista de verdad, y recuerde que no hay nada más progresista que defender la vida humana desde el momento de la concepción, en esta sociedad del siglo XXI, que tantas veces se pone de rodillas ante la cultura y la ideología de la muerte.

Por todo ello, Sra. Regás, y en virtud de todo cuanto antecede, le invito a que de usted un paso al frente, reflexione, y salga del lado oscuro intelectual en el que se encuentra y abra sus ojos a la luz de la razón humana, a la luz del sentido común y a la luz de la vida y el próximo 7 de octubre participe usted en la III Marcha Por la Vida, organizada por entidades de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, que se celebrará en Madrid y en otras 60 ciudades de España,  con el lema “Por el derecho a vivir, aborto cero”. Le recuerdo que el 7 de octubre coincide con la conmemoración del Día internacional contra la pena de muerte.

Estoy convencido, que como mujer progresista que pronto llegará a ser, algún día estará en contra de que se condenen a pena de muerte a criaturas inocentes en el seno de sus madres sin juicio previo, y por lo tanto espero y confío verla el próximo 7 de octubre, en la ciudad  donde resida, participando en esta festiva, multitudinaria y reivindicativa III Marcha por la vida.

Con la confianza de que esta humilde carta haya sido de su interés, y le haya servido para aclarar algunos conceptos, reciba mi más cordial y afectuoso saludo.

Atentamente,
                                   José Antonio Barragán Dorantes

miércoles, 1 de agosto de 2012

CARTA ABIERTA A DOÑA ROSA REGÁS


Lebrija (Sevilla), a 1 de Agosto de 2012


"Un gran hombre demuestra su grandeza
 por la forma en que trata a los pequeños."
Tomas Carlyle



Estimada Sra. Ex-Directora de la Biblioteca Nacional de España Doña Rosa Regás:

El pasado 30 de julio, publicaba Usted, en su blog denominado “Ellas” y alojado en el periódico digital de El Mundo, un artículo titulado “Siniestra ley del aborto”, que se puede leer en el enlace http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/ellas/2012/07/30/siniestra-ley-del-aborto.html en el que llama Usted por dos veces “monstruos” a los niños concebidos con alguna discapacidad, y en el que defiende Usted que se puedan matar estos niños discapacitados en el vientre de sus madres, antes de llegar a nacer, mediante la legalización del aborto eugenésico.
Sra. Regás, después de leer con estupor y perplejidad su estremecedor artículo, como abogado, como padre de familia, como persona que defiende el principal derecho humano que tienen todas las personas concebidas, que es el derecho a la vida, y sobretodo como persona con un mínimo de sensibilidad y de sentido común, no puedo dejar de contestarle a su lamentable escrito, que sin duda pone los vellos de punta a cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad humana hacia los más débiles y excluidos de nuestra sociedad.

En su escrito, llama Usted por dos veces a los niños concebidos con alguna discapacidad “monstruos” y defiende Usted que puedan ser eliminados y ejecutados en el seno de sus madres, sin causa alguna que lo justifique. Ojalá Sra. Regás, tuviera Usted, al menos, la mitad de la sensibilidad y de la capacidad de amar y comprender que tienen muchos niños discapacitados, como los niños con síndrome de Down, o los niños con espina bífida, esos a los que Usted niega su derecho natural a nacer y a los que llama “monstruos”.

Analicemos su artículo con detenimiento. Entre otras cosas dice Usted lo siguiente:

“Y que sea el señor Ruiz Gallardón el que tenga que decidir si una mujer ha de dar a luz un monstruo todavía me parece más aberrante…”

Sra. Regás, hasta que leí su lamentable artículo, yo pensaba que los monstruos eran criaturas malas, sin compasión por el sufrimiento ajeno, insensibles con la enfermedad y con los niños discapacitados, y a los que no les importaba matar a seres humanos inocentes e indefensos, incluso aunque estuviesen malitos o tuviesen una discapacidad.

Pero según Usted, esto no es así. Según Usted, los monstruos son los niños inocentes e indefensos, que están en el vientre de sus madres y cuyo único pecado ha sido ser concebidos con una malformación genética, aunque ellos no tengan culpa de nada, venir al mundo con alguna discapacidad, y que por lo tanto no merecen nacer ni vivir, no merecen que se les otorgue el status de personas, sino de “monstruos” pues esos niños, no cumplen con el mínimo de perfección exigida por esta sociedad de gente perfecta como Usted.

Doña Rosa Regás, permítame que discrepe de sus planteamientos y de sus conceptos y permítame también que haga un poco de memoria histórica sobre su persona.

El 14 de mayo de 2004 fue nombrada Usted, por la Ministra de Cultura del Gobierno socialista de Zapatero, Carmen Calvo, directora de la Biblioteca Nacional de España, cargo que ocupó desde 2004 a 2007. Pasaba Usted de esta manera, de ser una escritora mediocre que no conocían ni en su casa, (aunque llegó a ganar el premio planeta en 2001) a ser un estómago agradecido más, de Zapatero y sus brillantes Ministras.

Ocho años después de su nombramiento, ha encontrado Usted como medio de agradecer los favores recibidos por el Régimen de Zapatero, escribir artículos a favor de la ideología de la muerte y del aborto indiscriminado y sin causa, que fue una de las banderas que tanto les gustó enarbolar al Gobierno socialista que le nombró a Usted como Directora de la Biblioteca Nacional de España.

Pero se ha equivocado Usted, Sra. Regás, porque después de pasar de ser una escritora mediocre a un estómago agradecido, ahora pasa Usted a ser una firme defensora de la pureza de la raza o lo que es lo mismo, una firme defensora de las tesis del nazismo.

Después de leer su artículo Sra. Regás, llego a la conclusión de que a Usted, le gustaría una raza pura y perfecta, sin niños discapacitados, sin niños con síndrome de Down, sin niños con espina bífida, sin “monstruos” como Usted los llama. Por ello, permítame que le diga, que a pesar de presumir Usted de “progre” y de “socialista”, lo único que consigue Usted es parecerse o identificarse con los ideales que perseguía y defendía Adolf Hitler, quien al igual que Usted, también buscaba la pureza de la raza. Sus tesis son idénticas a las tesis de los nazis Sra. Regás.

En su escrito, pone Usted de manifiesto su mentalidad eugenésica, como en su día hiciera el Gobierno socialista de España de Zapatero con la brutalidad que esconde su nueva Ley del aborto, actualmente en vigor. Las personas que no vengan libres de enfermedades o malformaciones están condenadas a no nacer. La actual ley del aborto, al igual que Usted en su artículo, discrimina a los discapacitados.

Cabe recordar que este tipo de políticas están en la línea del sueño eugenésico nazi. Salvando las distancias del tiempo y las técnicas empleadas, la actual ley del aborto, al igual que las tesis que Usted defiende en su artículo, tiene aspectos en común con el programa nazi de esterilización y eutanasia Aktion T4, que tenía como objetivo principal una mejora de la raza.

El Aktion T4 constituía un sistema de selección para determinar quién tenía derecho a vivir, y quien no, de entre los ciudadanos más vulnerables. El programa eliminaba a personas señaladas como enfermos incurables, niños con taras hereditarias, delincuentes, enfermos mentales, discapacitados físicos, homosexuales y, en general, adultos o ancianos considerados improductivos. Los nazis no fueron los únicos en aplicar estas técnicas, de hecho este aspecto del movimiento impulsado por Hitler era heredero de la doctrina eugenésica internacional constituida por organizaciones a favor de la esterilización masiva, aplicada a gente señalada como enfermos hereditarios y establecida en países como Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Suecia, Noruega, Francia, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Islandia o Suiza.

El salto a nuestros días encuentra su respuesta en la nueva Ley del Gobierno socialista de España. El diagnóstico prenatal generalizado eliminará grupos enteros de personas como las afectadas por el síndrome de Down, las que presentan cuadros de enfermedad mental por vínculos genéticos, como trastorno bipolar, o los sordos.

De esta forma ya no se recurre a la esterilización, sino al diagnóstico precoz, donde el médico está obligado a participar. Y se practica el aborto eugenésico ante el mínimo defecto a considerar por parte de quien se somete a las pruebas. Como ocurría entonces, también se ejerce una gran presión social para que estas prácticas se consideren, no sólo normales, sino recomendables.

Sra. Regás, los niños con síndrome de Down, y todos los niños discapacitados, tienen el mismo derecho a nacer que todos los demás, aunque a gente como Usted, les gustaría que se pudieran matar impunemente en el vientre de sus madres, antes de llegar a nacer. Tenga Usted la seguridad que no hay mayor discapacidad que la suya, Sra. Regás, que es la de no darse cuenta que todos somos iguales. Sra. Regás, no es la discapacidad lo que hace difícil la vida, sino los pensamientos y acciones de los demás; en este caso los pensamientos como el suyo, que Usted expone en su artículo. Sinceramente, Sra. Regás, no alcanzo a comprender, como alguien como Usted, pudo llegar a ganar el Premio Planeta en el año 2001.

Sra. Regás, como veo que desgraciadamente, a Usted nunca nadie le ha explicado qué es eso de la “igualdad de derechos de las personas con discapacidad en las sociedades democráticas” permítame que le apunte algunos datos y le recuerde lo que dicen algunos tratados internacionales sobre los niños y las personas discapacitadas:

La Convención Internacional Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, aprobada en Nueva York el 13 de diciembre de 2006, que entró en vigor en nuestro ordenamiento el 3 de mayo de 2008, (BOE nº 96 de 21 de abril de 2008), señala en su art. 7 lo siguiente: “Los Estados Partes tomarán todas las medidas necesarias para asegurar que todos los niños y las niñas con discapacidad gocen plenamente de todos los derechos humanos y libertades fundamentales en igualdad de condiciones con los demás niños y niñas”. Y en su art. 10, al hablar del derecho a la vida, dice: “Los Estados Partes reafirman el derecho inherente a la vida de todos los seres humanos y adoptarán todas las medidas necesarias para garantizar el goce efectivo de ese derecho por las personas con discapacidad en igualdad de condiciones con las demás”.

Por su parte, la Declaración de los derechos del retrasado mental, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 2856 (XXVI) de 20 de diciembre de 1971, establece en su art. 1 que: “El retrasado mental debe gozar, hasta el máximo grado de viabilidad, de los mismos derechos que los demás seres humanos”.

Por su parte, la Declaración de los derechos de los impedidos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su  Resolución 3447 (XXX), de 9 de diciembre de 1975, recoge en su art. 3 que: “El impedido tiene esencialmente derecho a que se respete su dignidad humana. El impedido, cualesquiera sean el origen, la naturaleza o la gravedad de sus trastornos y deficiencias, tiene los mismos derechos fundamentales que sus conciudadanos de la misma edad, lo que supone, en primer lugar, el derecho a disfrutar de una vida decorosa, lo más normal y plena que sea posible. Y en su art. 4, dice: “El impedido tiene los mismos derechos civiles y políticos que los demás seres humanos; el párrafo 7 de la Declaración de los Derechos del Retrasado Mental se aplica a toda posible limitación o supresión de esos derechos para los impedidos mentales”.

Asimismo, la  Convención sobre los derechos del niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 44/25 del 20 de noviembre de 1989, y entrada en vigor el 2 de septiembre de 1990, (BOE nº 313 de 31 de diciembre de 1990) en su preámbulo se refiere expresamente al nasciturus y dice: “El niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento”. Y en su art. 6 establece que: “Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida”.

Asimismo, le recomiendo que se lea, entre otros, los artículos  14 y 15 de nuestra Constitución española de 1978:

 Art 14: Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Art. 15: Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral…

En definitiva, Sra. Regás, ¡no existe el derecho a matar!, ¡existe el derecho a vivir!, también para los niños con síndrome de Down, y para los niños con espina bífida y para todos los niños con retraso mental, y en definitiva para todos los niños discapacitados del mundo entero, Sra. Regás, dentro y fuera del vientre de sus madres. Para mayor documentación, le sugiero que se lea mi libro “Cincuenta Razones para derogar la Ley del Aborto en España”.

Después de leer su lamentable artículo, Sra. Regás, lo que le ha debido quedar claro a la mayoría de sus lectores, es que los niños discapacitados, son seres inocentes, que tienen el mismo derecho a vivir que Usted, y que el verdadero monstruo es quien desea poder matar con impunidad a seres humanos inocentes e indefensos, antes de que puedan nacer, simplemente porque no son perfectos, es decir, los verdaderos monstruos Sra. Regás, son Usted y todos los que piensan como Usted.

Sra. Regás, a mí también me gusta escribir como a Usted, pero con algunas diferencias. Mientras Usted escribe artículos para insultar a los niños con discapacidad, como los niños con síndrome de Down, o a los niños con espina bífida, a los que llama sin escrúpulos “monstruos”, yo escribo para defender la vida, el derecho a nacer y el derecho a vivir de todos los seres humanos y muy especialmente de los más débiles, de los más indefensos y de los más “imperfectos”, esos a los que parte de esta sociedad que piensa como Usted, les gustaría ver muertos y tirados en un cubo de basura antes que verlos nacer y vivir con su discapacidad, en igualdad de derechos y con las mismas oportunidades que el resto de ciudadanos.

Asimismo afirma Usted literalmente en su escrito:
“Señor Ministro, ¿no le parece que antes de dar vida a los monstruos debería ocuparse de que no se resquebrajara la dignidad de los vivos, y defender para ellos trabajo, vivienda, educación y sanidad?”
Por segunda vez en su patético escrito, vuelve Usted a insultar a todos los niños discapacitados. Que bajeza moral la suya, Sra. Regás. Para Usted es más importante conseguir una casa o un trabajo, que dejar nacer y permitir vivir a niño malito con una enfermedad congénita. Le recuerdo que para poder acceder a los derechos que Usted cita, trabajo, vivienda, educación y sanidad, primero hay que poder disfrutar del más importante derecho humano, que es el derecho a la vida, y sin el cual no se pueden disfrutar los demás derechos.

Además plantea Usted que el Sr. Ministro, se ocupe de la dignidad de los vivos antes que dar la vida  a los “monstruos”. Sra. Regas, pero es que da la casualidad que esos niños que tienen alguna discapacidad y que aún están en el vientre de sus madres, y que Usted llama despectivamente “monstruos” ¡no están muertos!. Están vivos también, igual que los que ya nacieron. Y por lo tanto como seres humanos vivos requieren de protección jurídica de su dignidad, para que algún día, también ellos puedan tener acceso a esas cosas materiales que a Usted tanto le preocupan, vivienda, trabajo, etc.

En su artículo también afirma Usted lo siguiente:

“Sin embargo está claro que sus motivaciones no son de orden moral porque si no le quitaría el sueño pertenecer a un ejecutivo que deja sin trabajo y sin dignidad a la mitad de los jóvenes y a cientos de miles de familias y de ciudadanos…”

En este punto seré muy breve, Sra. Regás. Me sorprende la poca memoria que tiene Usted. Simplemente le recordaré que el Gobierno que ha dejado a España en la ruina, y a miles de familias y ciudadanos sin futuro, y nos ha dejado una herencia de más de cinco millones de parados no es el Gobierno al que pertenece el Sr. Ministro Gallardón, que lleva sólo 7 meses en el poder, sino el Gobierno socialista que gobernó España durante casi 8 años, de 2004 a 2011 y que fue el mismo que la nombró a Usted como Directora de la Biblioteca Nacional de España, nada más llegar al poder en 2004.


También afirma Usted en su escrito:

“Así que entendemos que lo que pretende el señor Ministro, (…) es buscar el voto de los ultra católicos españoles y de todos los que a ciegas aceptan y defienden lo que les dictan los obispos. No por católicos sino por retrógrados…”

Veamos Sra. Regás, proteger jurídicamente la vida de los niños con enfermedades congénitas, defender  el derecho a nacer de los niños con síndrome de Down o con espina bífida no es ser ultra de nada, es sencillamente tener sentido común y tener un poquito de humanidad, algo de lo que Usted carece totalmente. Es defender que se le den las mismas posibilidades de crecer y desarrollarse que le dieron a Usted como persona.

Cita Usted a los Obispos. Le recuerdo Sra. Regás que los Obispos españoles cumplen fielmente la misión que les ha sido encomendada, de ser fieles al Evangelio de Jesús, que es el Evangelio de la Vida y de defender a los más indefensos y excluidos de nuestra sociedad, entre los que se encuentran los niños a los que Usted llama “monstruos”.

Sra. Regas, no es retrógrado quien defiende el derecho a vivir y a nacer de todos los seres humanos. Defender la vida es lo más progresista que pueda haber en esta sociedad del siglo XXI. Retrógrado es quien como Usted, defiende volver a la edad de piedra, donde la vida humana no tenía ningún valor, volver a la caverna, donde los hombres se regían por la ley del más fuerte. Eso es ser retrógrado y eso es los que Usted defiende en su lamentable escrito. Sra. Regás, por favor, deje Usted de ser tan retrógrada y empiece a ser progresista de verdad defendiendo los derechos humanos, de todos los seres humanos….

Me sorprende mucho, que en su escrito no mencione para nada Usted el síndrome post aborto al que han sido condenadas a sufrir miles de mujeres en España, después de haber puesto fin a la vida del hijo que llevaban dentro. ¿No le preocupa a Usted el sufrimiento de estas mujeres Sra. Regás? Se lo vuelvo a repetir Sra. Regás, deje de ser retrógrada y empiece a ser progresista, defendiendo a las mujeres, defendiendo su maternidad, defendiendo que se creen los recursos sociales de todo tipo para que ninguna mujer sea condenada a sufrir el síndrome post aborto, y pueda disfrutar de su derecho natural a la maternidad.


Por otra parte Sra. Regás, se atreve Usted en su lamentable escrito, incluso a cuestionar la verdad científica sobre la existencia de una nueva vida humana en el vientre de una madre gestante. Concretamente dice Usted lo siguiente:

“No por católicos sino por retrógrados, porque colectivos católicos que están en contra de la nueva ley del aborto que Ruiz Gallardón se está sacando de la manga, son múltiples: católicos honestos que siguen el debate de la comunidad científica sobre cuándo comienza a existir un ser humano y en consecuencia saben que no puede haber ningún dogma de fe sobre ello”.

Sin duda alguna, Sra. Regás, se supera Usted con cada párrafo que escribe…no me extraña que ganara Usted el premio Planeta…  Si los disparates escritos por Usted en los párrafos anteriores eran para llorar, este es simplemente para salir corriendo.

Vamos a ver Sra. Regás, ¿qué extraños conocimientos científicos tiene Usted, para contradecir a la comunidad científica y negar la existencia de vida humana en un ser humano vivo que tiene ADN propio distinto del de su madre?

Le recuerdo Sra. Regás, que el 18 de marzo de 2009 fue presentada en Madrid, “La Declaración de Madrid”, que es un documento firmado por un grupo de más de 2.000 científicos, profesores e intelectuales de distintas ramas de la Biomedicina, las Humanidades y las Ciencias Sociales, encabezado por los catedráticos Nicolás Jouve, Luis Franco Vera y César Nombela.

La premisa básica que defiende el manifiesto es que la vida empieza en el momento de la concepción, y que cualquier iniciativa legislativa que afecte al régimen jurídico del aborto debe asumir dicha premisa. El manifiesto también afirma que el aborto equivale a una “interrupción de una vida humana”, que supone “una tragedia para la sociedad”.

En abril de 2009, el Colegio Oficial de Médicos de Sevilla reunida su Junta Directiva en sesión plenaria y de forma unánime, acordó adherirse al Manifiesto de Madrid, promovido por intelectuales y científicos opuestos a los planes gubernamentales en torno al aborto. Lo hizo bajo la afirmación de que "Existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación".

En junio de 2009, el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid apoyó el manifiesto de Madrid bajo las bases de que “La vida comienza con la fecundación del óvulo, momento en el que se crea un ser vivo individual con su mapa genético determinado y con una esperanza de vida en el mundo desarrollado de 80 años”, afirmó en la nota de prensa Miguel García Alarilla, vicepresidente del colegio. En ese sentido, concluye el texto, "no hay ninguna discontinuidad, no hay ningún momento en que podamos decir que había algo prehumano y luego un ser humano".

En septiembre de 2009, la Comisión Nacional de Bioética española reconoció que el nasciturus es un ser humano.

Con respecto a los demás disparates escritos por Usted en su artículo, dada la pobreza intelectual de los mismos y su falta de rigor y que no he mencionado en esta carta, prefiero no contestarle sobre los mismos, pues no tienen ni la más mínima consistencia para mantenerse en pie y caen por su propio peso.

Por todo ello, y en virtud de todo cuanto antecede, Sra. Regás, le sugiero que la próxima vez que quiera publicar algo sobre los niños con discapacidad, no se limite a alinearse con la cultura y la ideología de la muerte, que tanto les gustaba y les gusta a sus mentores, y a las brillantes ministras que un día le nombraron a Usted Directora de la Biblioteca Nacional. Sino que por el contrario, reflexione un poco, se ponga en la piel de un niño discapacitado, y piense si entonces le gustaría a Usted que la llamasen “monstruo” y que alguien sin corazón, desde su cómodo sillón de escritora, defendiera su ejecución sumaria, por el simple hecho de no ser perfecto… No tan perfecto como la escritora que defiende su muerte.

Y entonces quizás, descubra Usted el infinito valor de la vida humana, también de la vida humana de los que para muchos no vale nada, pero que son tan importantes como la suya. Porque todos tenemos la misma dignidad como personas, pues nuestra dignidad y valor no se mide por el número de cromosomas que tenemos en el cuerpo, sino por lo que somos: personas. No somos una mercancía cuya calidad se evalúa antes de salir al mercado, somos personas, y por ello todos, absolutamente todos, tenemos derecho a vivir.

 Atentamente,
                                                                                                            José Antonio Barragán Dorantes